Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes -Me lo imaginaba. ¿Nunca se fijó usted en si tiene las orejas agujereadas como para llevar pendientes?
-SÃ, señor. Me contó que se las habÃa agujereado una gitana cuando era todavÃa muchacho.
-¡Ejem!-dijo Holmes recostándose de nuevo en su asiento-. Y ¿sigue todavÃa en casa de usted?
- SÃ, señor; no hace sino un instante que lo dejé.
-¿Y estuvo bien atendido el negocio de usted durante su ausencia?
-No tengo queja alguna, señor. De todos modos, poco es el negocio que se hace por las mañanas.
-Con esto me basta, señor Wilson. Tendré mucho gusto en exponerle mi opinión acerca de este asunto dentro de un par de dÃas. Hoy es sábado; espero haber llegado a una conclusión allá para el lunes.