Analectas
Analectas 10.1. En su lugar natal, Confucio era modesto en sus maneras y hablaba con cautela [como si no supiera expresarse].
Sin embargo, en el templo de sus antepasados y en la corte, su discurso era elocuente, aunque circunspecto. [→]
10.2. Cuando en la corte conversaba con los funcionarios inferiores, era afable; cuando conversaba con los funcionarios superiores, era respetuoso. Frente al soberano, era humilde, aunque sereno.
10.3. Cuando el soberano le ordenaba dar la bienvenida a un huésped, mostraba gravedad y buena disposición. Cuando se inclinaba y saludada a izquierda y derecha, su túnica seguía los movimientos de su cuerpo, y, cuando se apresuraba, sus mangas ondeaban como alas. Al final de la visita, siempre anunciaba: «El invitado ha partido».
10.4. Cuando atravesaba la puerta ante el palacio del Duque, su paso era discreto. Nunca se paraba en medio del paso ni ponía el pie en el umbral.
Cuando pasaba frente al trono, adoptaba una expresión de gravedad, aceleraba el paso y hablaba como si no tuviera voz. Al subir las gradas del salón de audiencias, alzaba el extremo de su túnica y se inclinaba conteniendo el aliento; al salir y descender el primer escalón, expresaba alivio y satisfacción.
