Azar
Azar Flora
»—Una prohibición harto singular —comentó la señora Fyne tras un breve silencio—. Se diría que de veras quería a la niña.
»Se había quedado perpleja. Pero supuse que habría podido ser sólo dictado de la pesadumbre y la cólera de un hombre sin conciencia de culpa, puesto en guardia para plantar cara a sus “hostigadores”, como él los llamaba; si no, podría haber sido el temor de una emoción más blanda, que debilitase su actitud desafiante; es posible, incluso, que fuese sacrificada obstinación por negar sus actos, para ahorrarle a la niña la visión de su padre en el banquillo de los infames, acusado de hacer trampas, condenado por estafador… y que con ello demostrase estar en posesión de cierta delicadeza moral.
