Azar
Azar Los Fyne y la jovencita
Para entonces estábamos de pie en el comedor, y Marlow, enjuto y decidido, se acercó al ventanal junto al que habÃamos departido el señor Powell y yo.
—Perdón, pero… ¿cómo dice que se llamaba el barco que cambió su suerte? —inquirió.
El señor Powell lo miró unos instantes.
—El Ferndale —dijo—. Un barco de Liverpool, de construcción mixta por cierto.
—El Ferndale —repitió Marlow pensativo—. El Ferndale…
—¿Lo conoce?
—Nuestro amigo —dije yo— algo sabe, mucho o poco, de todos los barcos. Se dirÃa que ha recorrido los mares repasándolo todo a conciencia.
Marlow esbozó una sonrisa.
—Lo he visto al menos en una ocasión.
—El mejor barco que jamás se haya hecho a la mar —proclamó el señor Powell impetuosamente—. Sin lugar a dudas.
—Desde luego, parecÃa un barco sólido, confortable —asintió Marlow—. Inusitadamente confortable, dirÃa yo… Aunque no demasiado veloz.
—TenÃa velocidad sobrada para cualquier hombre que esté en sus cabales… Al menos cuando estuve yo a bordo —gruñó el señor Powell de espaldas a nosotros.
