El Agente secreto
El Agente secreto Stevie reanudó su marcha con docilidad. Él se enorgullecÃa de ser un buen hermano. Su moral, que era muy completa, le exigÃa eso. SentÃa, sin embargo, tristeza por la información que le proporcionaba su hermana Winnie, que era buena. ¡Nadie podÃa remediar eso! Caminaba abatido, pero ahora le mejoró el ánimo. Como el resto de la humanidad, perpleja frente al misterio del universo, tenÃa sus momentos de consoladora confianza en los poderes organizados de la tierra.
—La policÃa —sugirió, confiadamente.
—Los policÃas no son para eso —observó la señora Verloc, brevemente, apurando el paso.
La cara de Stevie se alargó considerablemente. Estaba pensando. Mientras más intenso era su pensamiento, más relajada era la caÃda de su mandÃbula inferior. Y cuando abandonó su empresa intelectual, lo hizo con un aspecto de vacÃo irremediable.
—¿No son para eso? —murmuró, resignado pero sorprendido—. ¿No son para eso?