El Agente secreto
El Agente secreto Era tan temprano que el portero de la embajada, al salir rápidamente de su recinto, luchaba todavía con la manga izquierda de su librea. Su chaleco era rojo, y usaba pantalones hasta las rodillas, pero tenía una expresión confundida. El señor Verloc, consciente del pequeño trastorno que había provocado, se limitó a descartarlo mostrando un sobre sellado con las armas de la embajada, y siguió adelante. Presentó también el mismo talismán al criado que le abrió la puerta, y éste retrocedió para dejarlo entrar al vestíbulo.