El Agente secreto
El Agente secreto El subcomisario, rápidamente conducido en un coche desde las cercanías de Soho hacia la dirección de Westminster, se bajó en el centro mismo del Imperio donde el sol nunca se pone. Unos fornidos agentes, que no parecían demasiado impresionados por el deber de vigilar ese lugar augusto, lo saludaron. Penetrando, a través de un portal que estaba lejos de ser anchuroso, a los recintos de la Casa que es, par excellence, la Casa, para las mentalidades de muchos millones de hombres, fue recibido al final por el volátil y revolucionario Toodles.
