El Agente secreto
El Agente secreto Después de la partida del inspector jefe Heat, el señor Verloc se habÃa paseado por la sala. De tiempo en tiempo miraba a su mujer a través de la puerta abierta. «Ahora ya lo sabe todo», pensó para sÃ, con lástima por su dolor y con alguna satisfacción en lo que se referÃa a él mismo. Si el alma del señor Verloc quizá carecÃa de grandeza, era capaz de sentimientos tiernos. La perspectiva de tener que revelarle las noticias lo habÃa puesto en un estado febril. El inspector jefe Heat lo habÃa aliviado de esa tarea. Eso, por lo menos, estaba bien. Ahora le quedaba hacer frente a su pena.
