El corazón de las tinieblas
El corazón de las tinieblas No me moví; no se me ocurrió moverme. Estaba amodorrado. "Es muy desagradable", gruñó el tío. "Él había pedido a la administración que le enviaran allí", dijo el otro, "con la idea de demostrar lo que era capaz de hacer. Yo recibí instrucciones al respecto. Debe tener una influencia tremenda. ¿No te parece terrible?" Ambos convinieron en que aquello era terrible; después hicieron observaciones extrañas: la lluvia… el buen tiempo… un hombre… el Consejo… por la nariz… Fragmentos de frases absurdas que me hicieron salir de mi estado de somnolencia. De modo que estaba en pleno uso de mis facultades mentales cuando el tío dijo: "El clima puede eliminar esa dificultad. ¿Está solo allá?" "Sí", respondió el director. "Me envió a su asistente, con una nota redactada más o menos en estos términos: 'Saque usted a este pobre diablo del país, y no se moleste en enviarme a otras personas de esta especie. Prefiero estar solo a tener a mi lado la clase de hombres de que ustedes pueden disponer.' Eso fue hace ya más de un año.