El corazón de las tinieblas
El corazón de las tinieblas "El exceso de indignación lo hizo sofocarse. Yo levanté un poco la cabeza. Me sorprendió ver lo cerca que estaban, justo debajo de mí. Habría podido escupir sobre sus sombreros. Miraban el suelo, absortos en sus pensamientos. El director se fustigaba la pierna con una fina varita. Su sagaz pariente levantó de pronto la cabeza.
'¿Y te has encontrado bien todo el tiempo, desde que llegaste?', preguntó. El otro pareció sobresaltarse. '¿Quién? ¿Yo? ¡Oh, perfectamente, perfectamente! Pero el resto… ¡santo cielo!, todos enfermos. Se mueren tan rápidamente que no tengo casi tiempo de mandarlos fuera de la región… ¡Es increíble!' 'Hum. Así es precisamente', gruñó el tío. 'Ah, muchacho, confía en eso… te lo digo, confía en eso.' Le vi extender un brazo que más bien parecía una aleta y señalar hacia la selva, la ensenada, el barco, el río; parecía sellar con un gesto vil ante la iluminada faz de la tierra un pacto traidor con la muerte en acecho, el mal escondido, las profundas tinieblas del corazón humano. Fue tan espantoso que me puse en pie de un salto y miré hacia atrás, al lindero de la selva, como esperando encontrar una respuesta a ese negro intercambio de confidencias. Ya sabéis que a veces uno llega a abrigar las más locas ideas. Una profunda calma rodeaba a aquellas dos figuras con su ominosa paciencia, esperando el paso de una invasión fantástica.