El pirata

El pirata

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Familiar e indiferente a sus ojos, material y sombrío, el mar había empalidecido en toda su voluble extensión bajo el pálido sol, como en una respuesta sentimental y enigmática, tan enigmática como la gran mancha ovalada de agua oscura que se extendía hacia el oeste, y como aquella ancha cinta azul trazada sobre las aguas plateadas, cual una parábola magistralmente descrita por un dedo invisible a modo de símbolo de un eterno peregrinar… La fachada de la granja podría haber sido la de una casa súbitamente abandonada por sus habitantes. En lo alto del edificio, la ventana del teniente permanecía abierta, tanto los cristales como las contraventanas. Junto a la puerta de la salle el bieldo apoyado en la pared parecía haber sido olvidado por el sans-culotte. Aquel aire de abandono impresionó a Peyrol de una manera inusual. Haber pensado tanto en aquella gente, y no dar ahora con ella, le parecía artificial e incluso deprimente. La vida le había proporcionado la oportunidad de ver muchos lugares abandonados: chozas de paja, fortines de barro, palacios de reyes, templos de los que toda alma talar había desaparecido… Templos que, sin embargo, nunca daban la impresión de estar vacíos. Los dioses no los abandonaban. Los ojos de Peyrol se fijaron en el banco contra la pared de la Salle. De haber sido todo normal, el banco estaría ocupado por el teniente, que tenía la costumbre de sentarse en él durante horas, casi sin moverse, como una araña aguardando la llegada de una mosca. Esta paralizante comparación hizo que Peyrol se quedara inmóvil, con la boca torcida y el ceño fruncido ante la visión evocada, más nítida y precisa que el hombre mismo, y más turbadora de lo que hubiera sido en realidad.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker