El pirata
El pirata Fue en ese momento cuando oyó el ruido de la caída de Scevola. Sonó muy cerca, pero no oyó voces después, ni pasos que anunciaran la aproximación de un grupo de hombres. Si aquello significaba el regreso del viejo rufián, entonces es que volvía solo. Inmediatamente Symons se puso a cuatro patas y avanzó hasta la proa. Tenía la idea de que si se escondía bajo la cubierta de proa, estaría en mejor posición para parlamentar con el enemigo, y quizá encontrara algún espeque por allí, o alguna barra de hierro con la que defenderse. Apenas se había acomodado en su escondite, cuando Scevola pasó de la orilla a la cubierta de popa. Symons se percató al primer vistazo de que aquel hombre era muy distinto al que esperaba ver, cosa que le decepcionó bastante. Pero cuando Scevola permaneció inmóvil a plena luz de la luna, Symons se congratuló de haberse colocado bajo la cubierta de proa. Aquel sujeto, que llevaba barba, era un gorrión comparado con el otro, pero estaba peligrosamente armado con algo parecido a un tridente o a un bastón coronado de púas. «¡Vaya arma maligna!», pensó, aterrado. ¿Qué hacía aquel bribón a bordo? ¿Qué podía estar buscando?