El pirata
El pirata —De ninguna manera debemos hundir ese barco. En cuanto tengamos una hora de calma lo alcanzaremos con los botes.
El oficial observó que no habÃa esperanza alguna de calma durante, por lo menos, las veinticuatro próximas horas.
—No —dijo el capitán Vincent—. Y dentro de una hora se habrá hecho la oscuridad suficiente como para que se nos escape. La costa no está muy lejos, y hay baterÃas a ambos lados de Fréjus, bajo las cuales se encontrará tan a salvo de nosotros como si se encontrara al pairo en la playa. Y mire —exclamó, tras un momento de pausa—, eso es justamente lo que pretende.
—SÃ, señor —dijo el oficial, con los ojos fijos en la pequeña mancha blanca que danzaba ligeramente con las cortas olas del Mediterráneo—. Se mantiene fuera del viento.
—Le alcanzaremos en menos de una hora —dijo el capitán, e inició el movimiento de frotarse las manos, pero apoyó de repente el codo en la barandilla—. Después de todo —prosiguió—, y hablando con propiedad, se trata de una carrera entre el Amelia y la noche.
—Hoy anochecerá pronto —dijo el oficial, balanceando el altavoz por el acollador—. ¿Quitamos las vergas de los brandales, señor?