El pirata
El pirata —¿De dónde vienes, citoyen? —gritó de pronto una voz.
—Del otro lado del mundo —bramó Peyrol.
Sus seguidores no cejaron hasta que se encontró en la puerta de la Comandancia del Puerto. Allí se presentó a los oficiales adecuados como el jefe de la presa capturada a la altura de El Cabo por el ciudadano Renaud, comandante en jefe de la escuadra republicana en los mares de la India. Se le había ordenado poner proa a Dunquerque pero, según explicó, el encarnizado acoso de tres buques ingleses a lo largo de quince días, entre Cabo Verde y cabo Espartel, le había decidido a navegar hacia el Mediterráneo, donde, según lo que habían podido averiguar por un bergantín danés con el que se cruzaron, no había riesgo de topar con navíos de guerra británicos. Y aquí estaba, con los papeles de su barco y los suyos propios y con todo en orden. Mencionó también que se encontraba cansado de rodar por los mares y que ansiaba pasar un período de descanso en tierra firme. Pero mientras no se completaron los requisitos legales permaneció en Tolón, vagabundeando por las calles con paso sosegado, gozando de la consideración general hacia el ciudadano Peyrol y mirando a todo el mundo a la cara.
