La aventura
La aventura Los dos vaqueros, tras haber visto la goleta navegando a palo seco con el sol bajo y abrasador de poniente, montaron en sus caballos y tomaron el camino de vuelta a través de la llanura, dirigiéndose a la cima del barranco. Y cuando recorrían a medio galope la vertiente opuesta a la cueva, uno de ellos divisó el trozo de cuerda que colgaba del precipicio. Inmediatamente se detuvieron.
Lo que primero me advirtió de su proximidad fue el resoplido de un caballo, obligado a dirigirse al borde de la sima. Vi las patas delanteras del animal plantadas tensamente en el mismo borde, y el cuerpo del jinete inclinado sobre el pescuezo de su montura para mirar hacia abajo. Y cuando quise gritar, descubrí que no podía emitir el menor sonido.