La aventura

La aventura

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

CAPÍTULO IV

NO volví a ver a mi padre hasta encontrarme en la antesala para prisioneros de Oíd Bailey. Estaba llena de hombres repantigados, cuyos carnosos miembros destacaban entre los apretados y llamativos cuadros de sus levitas y pantalones. Eran los carceleros que esperaban para traer a los prisioneros. Al otro lado de una puerta negra, el gran jurado estaba deliberando; detrás de otra, el tribunal esperaba para juzgarme. Me encontraba en calma aunque cansado. Había pasado toda la noche yendo y viniendo por la celda tratando de forzar a mi cerebro a pensar en aspectos concretos de mi defensa. Fue muy difícil. Sabía que debía mantenerme tranquilo, en calma, lúcido, convincente; y a veces la cabeza me daba vueltas, incluso en la oscuridad de la celda. Sabía que me había dado vueltas porque recordé que una vez me caí contra uno de los muros de piedra, y otra contra la puerta. Aquí, a plena luz, con sólo una puerta separándome de la última escena, recuperé el dominio de mí mismo. Iba a luchar paso a paso desde principio a fin. Iba a intentar poner a prueba todos sus puntos flacos. Iba a realizar una buena pelea. Mis dientes rechinaron como castañuelas hasta hacerme daño en la mandíbula. Pero fue sólo a causa del frío.

Un barullo de protestas salió de la tercera puerta. Mi llavero gritó de pronto:

—Que entre el caballero, Charlie. Es amigo nuestro.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker