Nostromo
Nostromo Desde ese extremo inferior de la Gran Isabel, el observador puede contemplar directamente el puerto de Sulaco, dirigiendo la mirada por una abertura, distante unas dos millas, tan neta como si la hubieran abierto con una hacha en la superficie regular de la costa.
El puerto es una masa oblonga de agua, que tiene forma de lago. En un lado los cortos espolones vestidos de boscaje y los valles de la Cordillera bajan en ángulo recto hasta la misma costa; y en el otro se abre a la vista la gran llanura de Sulaco, perdiéndose en el misterioso ópalo de las grandes distancias envueltas en árida bruma.
La ciudad misma de Sulaco —conjunto de remates de muros, una gran cúpula, centelleos de miradores blancos en un vasto boscaje de naranjos— yace entre las montañas y la llanura, a cierta distancia, no grande, de su puerto y fuera de la línea directa de la vista desde el mar.