Nostromo
Nostromo De pronto se separó de ella en el corredor, para ir por su sombrero gris flexible prenda del traje nacional que se amoldaba con sorprendente perfección a su atavío inglés. Volvió con una fusta en la mano abotonándose un guante de piel; su semblante reflejaba la firme resolución de no cejar en el plan concebido. Su mujer le aguardó en la parte superior de la escalera, y antes de despedirla con un beso, puso término a la conversación con estas palabras:
—Una cosa hay perfectamente clara para nosotros, y es el hecho de que no es posible retroceder. ¿Adonde iríamos a comenzar una nueva vida? Por tanto aquí estamos con todo lo que somos y valemos.