Nostromo
Nostromo El capitán Mitchell, sintiéndose cada vez más rodeado de «acontecimientos históricos», dedicaba una hora de la tarde a la tertulia de la casa Gould, donde, con una extraña ignorancia de las verdaderas fuerzas que trabajaban a su alrededor, se mostraba complacido de poder rehuir el contacto con las complicaciones de los negocios. Según decía, se habría visto en trances apurados a no ser por el habilísimo Nostromo. Los políticos endiablados de Costaguana le daban más que hacer de lo que él había podido figurarse. Así se lo manifestó en confianza a la señora de Gould.