Nostromo
Nostromo Después de salir del accidente, don José no quiso permanecer en cama. Realmente, las primeras noticias fueron seguidas de otras mejores. La revolución se hallaba vencida en la capital después de una noche de pelea en las calles. Por desgracia ambos Montero habían logrado escapar al sur, encaminándose a la provincia de Entre-Montes, de donde eran naturales. El héroe de la marcha a través de los bosques, el vencedor del Río Seco, fue recibido con frenéticas aclamaciones en Nicoya, capital de la provincia. Las tropas de la guarnición se le habían unido en masa. Los dos hermanos trabajaban en organizar un ejército, recogiendo a los descontentos, enviando emisarios bien provistos de patrióticas mentiras para el pueblo y de promesas de saqueo para los llaneros salvajes. Hasta se fundó una prensa monterista, que en tono de oráculo hablaba de las secretas promesas de apoyo dadas por «nuestra gran hermana, la República del Norte», contra los siniestros designios de adueñarse del país, alimentados por las potencias de Europa, execrando en todos los números al «miserable Rivera», que había trabajado en secreto para entregar a su patria, atada de pies y manos, a la codicia de especuladores extranjeros.