Nostromo
Nostromo En lo que Decoud hubiera llamado su sano materialismo entraba como parte substancial no creer posible una verdadera amistad entre hombre y mujer.
La única excepción que admitía en esta regla general la confirmaba plenamente, a su juicio. La amistad era posible entre hermano y hermana, entendiendo por amistad la comunicación franca con otro ser humano de las propias ideas y sentimientos, o dicho de otro modo, la sinceridad sin restricciones e impulsiva de la propia vida intima propendiendo a obtener por reacción las profundas simpatías de otra persona.
La confidente de Martín Decoud en cuanto a sus pensamientos, acciones, propósitos, dudas y hasta fracasos… era su hermana predilecta, el bello ángel de genio algo autoritario y voluntarioso, que gobernaba la familia en el primer piso de una preciosa casa de París.
