Nostromo

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CAPÍTULO III

En cuanto estuvieron solos, cambió el continente severo y oficial del coronel. Levantóse y, con los ojos brillando de codicia y esperanza, se acercó al doctor y le habló en tono confidencial. «La plata pudo muy bien haber sido cargada en la gabarra; pero no era creíble que se hubieran lanzado con ella a alta mar». El doctor, atento a todas las palabras de Sotillo, asentía con leves inclinaciones de cabeza, fumando con ostensible delectación el puro que aquél le había ofrecido en señal de sus amistosas intenciones. El frío despego que respecto a los demás europeos manifestaba el doctor animó a Sotillo a seguir franqueándose hasta que de conjetura en conjetura llegó a indicar que, a su juicio, todo ello era un arbitrio ideado por Carlos Gould para quedarse con el inmenso tesoro, todo para él. El doctor, que le oía atento y sosegado, musitó:

—Es muy capaz de ello.

A lo que el capitán Mitchell exclamó con asombro mezclado de ironía e indignación:

—¿Eso ha dicho usted de Carlos Gould?

En el tono de esas palabras había un dejo de desprecio y desconfianza, porque para Mitchell como para los demás europeos la persona del doctor tenía algo de sospechosa.


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