Situacion limite
Situacion limite Incluso una simple brisa fresca —como la de aquella mañana del viaje anterior, cuando el Sofala dejó a tempranas horas la bahÃa de Pangu, cuando el descubrimiento de Mr. Sterne se abrió como flor de terrible e increÃble aspecto nacida de la pequeña semilla de la sospecha instintiva— incluso una brisa asà tenÃa fuerza suficiente para arrancar del rostro del mar la máscara de placidez. Para Sterne, que lo contemplaba con indiferencia, habÃa sido como una revelación observar por primera vez los peligros marcados por las silbantes manchas lÃvidas que aparecÃan en el mar tan claramente como en el grabado de un mapa. Pensó que dÃas como aquél eran los mejores para que intentase el paso un forastero: dÃas claros, con viento suficiente como para que el mar rompiese contra cada escollo, señalando como con boyas el curso a seguir; mientras que con el mar en calma tenÃa que fiarse uno exclusivamente de la brújula y del cálculo de una mirada experta. Y, sin embargo, los sucesivos capitanes del Sofala más de una vez habÃan tenido que pasar por allà de noche. Actualmente no podÃa uno desperdiciar seis o siete horas de ruta de un vapor. Imposible. Pero todo era cosa de costumbre, y llevando cuidado… El canal era suficientemente amplio y seguro; lo fundamental era dar con la entrada a obscuras. Porque si se liaba uno en aquella extensión inacabable de escollos no conseguirÃa nunca salir de allà con el barco entero… si es que llegaba a salir vivo.