Situacion limite
Situacion limite Toda esa prosperidad no había llegado aún; y Mr. Van Wick prosperaba sólo en la margen izquierda de aquel profundo claro excavado en la selva, que más arriba y más abajo llegaba hasta la orilla del agua. Su bungalow solitario se levantaba frente a las casas del sultán del otro lado del río. Era ése un viejo señor inquieto y melancólico que sabía ya todo sobre el amor y sobre la guerra, y esperaba morir antes de que los blancos se decidiesen a arrebatarle sus dominios. Cruzaba el río con frecuencia (nunca con menos de diez barcas atiborradas de gente), con la esperanza ansiosa de sacarle a su único blanco alguna información sobre el tema. Ocupaba siempre cierta butaca de la terraza, mientras los dignatarios de la corte se ponían en cuclillas sobre las alfombras y pieles en los espacios que dejaba el mobiliario. La gente inferior permanecía abajo, en el césped que separaba la casa del embarcadero, en filas de tres o cuatro, cubriendo todo el trecho. No era raro que la visita empezase al amanecer. Mr. Van Wick toleraba esas incursiones. Saludaba con la cabeza desde la ventana de su habitación, llevando en la mano el cepillo de dientes o la navaja de afeitar, o pasaba por entre los cortesanos en albornoz. Aparecía y desaparecía tarareando, se limaba las uñas con detención, se frotaba el rostro recién afeitado con agua de Colonia, tomaba el primer té, salía a ver el trabajo de sus coolies. Volvía, hojeaba algunos papeles del escritorio, leía un par de páginas de un libro o se sentaba ante el piano de campo echándose para atrás en el taburete, estirando las piernas, recorriendo el teclado con las manos, balanceándose levemente a derecha e izquierda. Cuando se veía absolutamente obligado a hablar respondía con evasivas vagamente tranquilizadoras, por pura compasión. Y probablemente era ese mismo sentimiento el que le hacía ser tan hospitalario y tan generoso al sacar bebidas carbónicas que a veces se quedaba él toda una semana sin soda. El viejo le había concedido toda la tierra que se tomase la molestia de limpiar; ni más ni menos, una fortuna.