Situacion limite
Situacion limite —No tiene remedio ya, Mr. Massy. Al fin y al cabo, uno tiene derecho a encerrarse en el camarote durante el tiempo libre.
—Pero no para emborracharse.
—Le oà jurar que los apuros que le daban las calderas eran como para hacer emborracharse a cualquiera —dijo Sterne malicioso.
Massy susurró algo sobre echar la puerta abajo. Mr. Van Wick, para esquivarles, cruzó a obscuras por el otro lado de la desierta cubierta. Las tablas del embarcadero crujieron levemente bajo sus apresurados pasos.
—¡Mr. Van Wick! ¡Mr. Van Wick!
Siguió andando; alguien corrÃa por el sendero.
—Olvidó usted la correspondencia.
Sterne le alcanzó, con un fajo de papeles en la mano.
—¡Ah! Gracias.
Pero como el otro seguÃa andando a su lado, Mr. Van Wick se detuvo en seco. Las hojas que pendÃan delante de la iluminada fachada del bungalow proyectaban su negra y recta sombra hacia la gran extensión de noche de aquella parte. Todo estaba en calma. Se oÃa el tintineo de copas y vajilla. Los criados de Mr. Van Wick estaban poniendo la mesa para dos en la galerÃa.
—Me temo que no dé crédito usted a mis buenas intenciones en este caso.
—Lo único que sucede es que no le entiendo.