Situacion limite

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Percibió entonces a un hombre de aspecto a la antigua, como gotoso, de pelo tan blanco como el suyo, pero mejillas afeitadas y floridas, con una corbata que era casi un pañuelo de extremos almidonados que se proyectaban más allá de la barbilla; piernas redondas, brazos redondos, cuerpo redondo, aquella corta estampa producía el efecto de haber sido hinchada con una bomba de aire lo más que diesen de sí los pliegues del traje. Se dirigía hacia él con porte autocrático. Era el Delegado General del puerto. Un delegado general es un comisario de puerto con el grado máximo; en Oriente es una autoridad de importancia en ese campo, como funcionario magistrado de las aguas del puerto, y poseía una autoridad amplia aunque mal definida sobre los marineros de todo tipo. De aquel Delegado General en concreto se decía que consideraba totalmente inadecuada su autoridad por el hecho de que no incluía derecho sobre la vida o muerte de sus súbditos. Era una exageración chistosa. El capitán Eliott estaba muy satisfecho con su cargo, y no alimentaba ningún sentimiento inconsiderado del poder que detentaba. Su talante pagado de sí y autoritario no le permitía dejar que ese poder vacilase en sus manos por falta de uso. La franqueza tormentosa y colérica de sus comentarios sobre el carácter y comportamiento de la gente le hacía profundamente temido. Aunque de boquilla muchos se las daban de no hacer caso de él, otros se limitaban a sonreír irónicamente al oír su nombre y los había que incluso osaban llamarle «viejo rufián entrometido». Pero para casi todos ellos un estallido de cólera del capitán Eliott resultaba una perspectiva casi tan desagradable como verse al borde del aniquilamiento.


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