Situacion limite
Situacion limite En la parte de delante del puente el gigante y el pigmeo se hablaban con frecuencia en tranquilos murmullos. Tras ellos Massy estaba de lado con expresión de desdén e inquietud. Sus ojos globulares estaban perfectamente inmóviles, y parecía haber olvidado la larga pipa que sostenía en la mano.
En la cubierta de delante del puente, tapada por las apretadas pendientes blancas de los toldos, un marinero nativo había trepado hasta situarse fuera de la batayola. Se ajustó rápidamente una ancha banda de lona de vela bajo los sobacos, y apoyando el pecho en ella se colgó afuera, encima del agua. La manga de la ligera camiseta de algodón, muy corta, dejaba al descubierto un brazo moreno de formas llenas y redondeadas y piel de satén como la de una mujer. Blandía aquel brazo con el gesto rotatorio y amenazador de un hondero: el peso de seis kilos hendía circularmente el aire hasta que de repente, salió lanzado hasta la altura de la proa. La fina y húmeda sirga silbó como seda arañada al pasar por entre los dedos morenos del hombre, y el plomo al hundirse cerca del casco del buque hizo una fugaz herida de plata en el resplandor dorado: luego, tras un intervalo, la voz del joven malayo izado y estirado anunció en su propia lengua la profundidad del agua.
—Tiga stengah —gritaba tras cada chapuzón y pausa, afanándose en recoger la sirga para lanzar otra vez.