Un vagabundo de las islas

Un vagabundo de las islas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

I

Almayer, sentado en la veranda de su casa, con los codos sobre la mesa, miraba los bosques y, en primer término, allá abajo, el desembarcadero de su hacienda, junto al que se veían ancladas numerosas canoas negras y sucias, sobre las cuales su gran bote blanco flotaba más alto y erguido, como si fuera la madre de aquella turba de trabajadores del río.

Luego contempló la goleta de Lingard, anclada en medio de las aguas, hasta que su pensamiento se perdió, como en sueños, en un mundo irreal y lejano.

El sol se ponía lentamente.

Una neblina azulada se extendía sobre los bosques, y en el cielo, hacia el Este, se veía un largo jirón de nubes, que un viento fuerte iba empujando.

Los ojos de Almayer se entretuvieron en seguir la mancha negra de un enorme tronco, que la corriente arrastraba hacia su sepultura en el mar.

El paisaje entero le inspiraba un odio profundo, una aversión inmensa. Odiaba al río, al cielo brillante y salpicado de nubes, a los bosques, a los campos que sus ojos habían contemplado tantas veces.

Le parecía un terrible sarcasmo que él hubiera vivido allí tanto tiempo, entre aquellas cosas, dedicándoles todos sus días, todos sus trabajos, todas sus horas, con la lejana esperanza de un porvenir glorioso, obtenido a fuerza de heroísmo y de labor silenciosa y tenaz.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker