El corsario rojo
El corsario rojo A medida que avanzaba el dÃa, las apariencias de una buena brisa de mar llegaban cada vez más fuertes, y conforme el viento aumentaba, se veÃa al barco mercante de Bristol anunciar cada vez más intensamente su intención de abandonar el puerto. Entretanto el barco no ofrecÃa aún a la brisa más que una vela solitaria a la que ya antes nos hemos referido en nuestro relato. Después de más de una hora de inexplicable demora, se difundió entre la gente un murmullo de que habÃa ocurrido un accidente a consecuencia del cual un individuo muy importante habÃa sido gravemente herido. Sin embargo tal rumor no fue más que momentáneo, y casi se habÃa extinguido cuando se vio salir de una cañonera de proa de La Real Carolina unas grandes llamaradas que formaban ante ellas una densa capa de humo que se elevaba en el aire, y que fue seguida al momento de la explosión de una pieza de artillerÃa. Nadie dudó que, cualquiera que fuese lo que hubiera ocurrido, no impedirÃa que el barco se hiciese a la mar.
