El corsario rojo
El corsario rojo —Earing, creo que esta brisa viene muy del sur, y se remueve algo más que ese conjunto de nubes oscuras. DesvÃe el barco un par de puntos, o incluso mas, y aligere los aparejos izando a sotavento.
El lugarteniente no tenÃa necesidad de ninguna explicación; su experiencia era suficiente para saber que el resultado de esta maniobra serÃa volver a tomar la ruta por la que habÃan venido, y que era en efecto renunciar al objetivo del viaje.
—Espero que un viejo marino como yo no le ofenderá, capitán si se atreve a darle su opinión sobre el tiempo. Cuando se trata de los intereses de bolsillo de mis armadores, no hago objeción por virar de bordo, pues no me gusta mucho que el viento me haga regresar en vez de ir. Pero orzando un poco a las olas por medio de un par de rizos, el barco navegará en alta mar, y todo lo que ganarÃamos por ese lado serÃa una estupenda ganancia, mientras estamos a la altura de Hatteras. Además ¿quién puede decir que mañana o pasado no vamos a tener una buena racha de viento que venga de América, allá, al noreste?
—¡DesvÃe un par de puntos, e ize a sotavento! —repitió Wilder vivamente.