El corsario rojo
El corsario rojo La inactividad de los piratas no sería de muy larga duración; al salir el sol una brisa procedente de tierra se hizo sentir en el mar, y puso al barco en movimiento. Durante toda esta jornada las velas estuvieron desplegadas, el barco se dirigía hacia el sur. Las horas se sucedieron unas a otras, y la noche reemplazó al día en el cual el rumbo no había sufrido ningún cambio. Al fin se fueron descubriendo una a una las azuladas islas en el horizonte. Las prisioneras del Corsario, pues como tales se veían obligadas a considerarse las mujeres, observaban silenciosamente cada montículo, cada roca desnuda y estéril, y cada flanco de montaña ante el que pasaba el barco, hasta que, según los cálculos de la institutriz, se encontró en medio del archipiélago occidental.
