El corsario rojo
El corsario rojo Como se ha visto, la actitud de Wilder no era precisamente la que concernía a un oficial de su categoría en un momento semejante.
La vista aguda y celosa del Corsario había estudiado su comportamiento varias veces, sin poder explicárselo totalmente. El joven aventurero tenía unos colores tan vivos en las mejillas, una forma de andar tan segura como en sus momentos de total tranquilidad; pero sus miradas errantes, la duda e indecisión que se veía en su cara en la que hubieran debido dominar sentimientos tan opuestos, daban a su comandante serios motivos de reflexión. Como para hallar explicación al enigma en el comportamiento de los compañeros de Wilder, las miradas del Corsario buscaron a Fid y al Negro.
Estaban colocados uno y otro tras el cañón más próximo al lugar donde él estaba, el primero desarrollando las funciones de capitán del cañón.
