El último de los Mohicanos

Magua extendió la bolsa ante el ofrecimiento. Incluso permitió que se acercaran las manos de ambos, pero no mostró ni el más mínimo atisbo de gratitud y, por supuesto, en ningún momento bajó la guardia. No obstante, cuando sintió rozar la mano de Heyward contra el lateral de su brazo, golpeó la mano del joven oficial y, lanzando un grito estridente, penetró de un solo salto en la maleza de enfrente. Al instante surgió de entre los arbustos la figura de Chingachgook, su pintura dándole un aspecto fantasmagórico, que inmediatamente surcó el pasadizo en apresurada persecución del fugitivo. A continuación se oyó el grito de Uncas, mientras el bosque se iluminó con un repentino fogonazo, acompañado por la sonora detonación de la carabina del cazador.









eXTReMe Tracker