El último de los Mohicanos

El juez William Cooper era un hombre constante en su trabajo y firme en sus ideas; su fuerte temperamento no le dejaba vislumbrar la menor posibilidad de rectificar las normas por las que se guió durante su vida. Ésta fue la herencia más inmediata que el hijo había de recibir; legado paterno que se manifestó de diversas formas en la vida de Fenimore Cooper, aunque todas confluyen en un mismo punto: la superioridad moral del hombre honesto. El respeto a las doctrinas religiosas y su puesta en práctica, el patriotismo sincero y el orgullo por el trabajo realizado fueron normas de vida que nunca serían olvidadas por el escritor. En 1799 Cooper deja el domicilio paterno y se dirige a Albany para continuar sus estudios, circunstancia que le permite entrar en contacto con miembros de las familias más importantes del lugar, lo que sin duda constituía una de las metas perseguidas por su padre el juez. Posteriormente Cooper ingresó en la universidad de Yale, pero fue expulsado tras sucesivos actos de indisciplina, truncando así el proceso de su educación.






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