El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos No duermen.
En aquellos arrecifes, una mano oscura,
Les veo sentados.
Gray.
¡Permanecer ocultos ante tales ruidos del bosque serÃa como hacer caso omiso a una advertencia que atañe a nuestra seguridad! —dijo Ojo de halcón—, las damas pueden permanecer escondidas, pero los mohicanos y yo haremos guardia sobre la roca, donde supongo que un comandante de la sesenta preferirÃa hacemos compañÃa.
—¿Tanto es el peligro que corremos? —preguntó Cora.
—Sólo aquél que emite los ruidos extraños, y lo hace para comunicar algo, conoce la extensión del peligro que corremos. ¡No puedo estar tranquilo mientras tienen lugar estas advertencias! Incluso el pusilánime que pasa sus dÃas cantando se estremece por el grito y dice que está «preparado para intervenir en la batalla». Si sólo fuese una batalla, lo entenderÃamos todos y nos enfrentarÃamos a ello con facilidad; pero cuando tales gritos provienen de un lugar a medio camino entre el cielo y la tierra, ¡me da la impresión de que presagian otra clase de lucha!
