El último de los Mohicanos

Ojo de halcón se alejó del lugar, descendiendo hasta la ribera absorto en sus pensamientos. Comunicó sus descubrimientos a sus dos compañeros en el idioma de los delaware, tras lo cual tuvo lugar una breve y sincera consulta entre ellos. Al terminar esta deliberación, los tres se dispusieron a llevar a efecto sus nuevas intenciones.

La embarcación se extrajo del agua para ser portada a hombros por el grupo. Se dirigieron al bosque, dejando un rastro tan claro y obvio como les fue posible. Pronto se encontraron con una corriente de agua; la cruzaron y siguieron adelante hasta llegar a una vasta roca de superficie lisa. En este lugar, sobre el cual sus huellas ya no serían visibles, volvieron hacia atrás, en dirección al arroyo, caminando de espaldas y pisando sobre las mismas huellas, empleando el máximo cuidado. A continuación, siguieron por el curso del arroyo hasta llegar al lago, en el cual depositaron la canoa d nuevo. Un saliente les mantenía ocultos del promontorio además de que el margen del lago se encontraba bordeado por vegetaciones colgantes a lo largo de un trayecto considerable. Bajo el cobijo de estos medios naturales, siguieron su esforzado camino con paciencia y sutileza, hasta que el explorador dijo que podrían volver a pisar tierra firme sin que hubiera peligro.

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