El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos Duncan, que sabía que con frecuencia este tipo de animal era domesticado por los indios, hizo igual que su acompañante, creyendo que la mascota de algún miembro de la tribu se había adentrado en la maleza en busca de alimento. Ambos pasaron sin ser molestados. Aunque el hurón se vio obligado a entrar prácticamente en contacto con el monstruo, y se había mostrado reticente en un principio con respecto al carácter del mismo, ahora se movía confiado y deseoso de no perder un instante más de tiempo en el asunto; Heyward, por contra, no podía evitar el impulso de mirar hacia atrás, asegurándose plenamente de que no serían atacados por sorpresa. Sus inquietudes no hicieron más que aumentar cuando se percató de que la bestia les seguía los pasos. Habría dicho algo en ese momento, si no es porque el indio abrió una puerta hecha de corteza de árbol, entrando en una caverna formada en la ladera de la montaña.