El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos En honor a la verdad, el territorio que constituye el escenario del siguiente relato ha experimentado cambios tan insignificantes como casi cualquier otra extensión territorial de dimensiones semejantes, dentro de las fronteras de los Estados Unidos, desde que tuvieron lugar los acontecimientos aludidos. Existen puntos de provisión de agua bien atendidos y acondicionados en el mismo lugar, cerca de la fuente natural donde Ojo de halcón se detenÃa a beber, y hay carreteras que atraviesan aquellos bosques en los que él y sus compañeros estaban obligados a viajar sin referencia o camino alguno. El sitio de Glenn ubica un gran poblado; y mientras que del Fuerte William Henry, e incluso de una fortaleza posterior, sólo quedan ruinas, existe otro pueblo en las orillas del Horicano. No obstante, aparte de esto, el ánimo emprendedor y las energÃas de unos pobladores que han realizado tanto en otros lugares han logrado muy poco aquÃ. La totalidad de ese territorio salvaje, en el cual tuvieron lugar los incidentes tardÃos de la leyenda, aún es prácticamente una tierra sin domar, a pesar de que el piel roja haya abandonado por completo esta parte del estado. De todas las tribus nombradas en estas páginas, únicamente quedan algunos exponentes de los oneidas, a medio civilizar, en sus reservas de Nueva York. El resto ha desaparecido, bien desplazándose de las regiones en las que habitaban sus predecesores, o bien desvaneciéndose por completo de la faz de la tierra.