Atrevida apuesta
Atrevida apuesta Cuando sus manos se encontraron, una corriente inexplicable recorrió ambos cuerpos. La música marcaba el ritmo, pero era el silencio entre ellos lo que hablaba más fuerte. Durante un instante, el salón desapareció, y solo quedaron ellos dos, moviéndose en un duelo de orgullo y algo que ambos aún se negaban a admitir.
Cuando la música terminó, Juan Carlos inclinó ligeramente la cabeza. —Gracias por concederme el honor.
—No fue un honor, don Juan Carlos —respondió ella, alejándose con el corazón latiendo con fuerza.
Esa noche, en la soledad de sus respectivas habitaciones, ambos se dieron cuenta de algo. Lo que sentÃan no era solo odio, pero tampoco sabÃan qué hacer con el deseo que se ocultaba detrás de cada palabra, cada mirada.
El aire estaba cargado de anticipación en la mansión. La tensión entre Rosa MarÃa y Juan Carlos habÃa llegado a un punto de ebullición que ni siquiera las sonrisas y los comentarios ligeros de Margarita podÃan disipar. Cada mirada que compartÃan parecÃa una batalla silenciosa, cada encuentro, un duelo en el que ambos temÃan ceder.
Una tarde, Rosa MarÃa decidió salir al jardÃn para despejar su mente. Mientras caminaba entre los senderos de flores, escuchó pasos detrás de ella. No necesitaba girarse para saber quién era.
