Atrevida apuesta
Atrevida apuesta El aire estaba cargado de música y risas en la lujosa fiesta que los duques de Castro Mina ofrecÃan esa noche. Rosa MarÃa, envuelta en un vestido azul que Margarita le habÃa prestado, intentaba pasar desapercibida entre los grupos de aristócratas que conversaban animadamente. Sin embargo, su belleza sencilla y natural no podÃa evitar atraer miradas, algunas admirativas, otras cargadas de envidia.
Desde una esquina del salón, Juan Carlos observaba todo con su copa de vino en mano. Cuando vio a Luis Minareli acercarse a Rosa MarÃa, una chispa de fastidio se encendió en su interior. Luis, con su elegancia impecable y sonrisa encantadora, era conocido por su éxito tanto en los negocios como en el amor.
—¿Quién dirÃa que Minareli tiene debilidad por las causas perdidas? —comentó Juan Carlos a un grupo de amigos cercanos.
—¿Te refieres a la señorita Echagüe? —preguntó uno de ellos, arqueando una ceja.
—Exactamente. ¿No les resulta curioso cómo un hombre como él pierde el tiempo con alguien que apenas encaja en este mundo?
—Tal vez sea su encanto modesto —dijo otro con una risa sarcástica.
