Atrevida apuesta
Atrevida apuesta —No se necesita un hechizo, Juan Carlos —respondió Luis, manteniendo la compostura—. La señorita Echagüe es encantadora por naturaleza.
—Encantadora, sin duda. Aunque supongo que ya conoces su complicada historia familiar —dijo Juan Carlos, mirando directamente a Rosa MarÃa.
Ella sintió cómo la sangre abandonaba su rostro. Luis frunció el ceño, confundido. —No entiendo a qué te refieres.
—Oh, es una historia triste, realmente. Su tÃo acumuló ciertas deudas que... bueno, no es el momento ni el lugar para detalles.
El golpe fue certero. Aunque no era completamente falso, Juan Carlos habÃa manipulado los hechos para sembrar dudas en la mente de Luis. Rosa MarÃa intentó mantenerse firme, pero notó cómo la mirada de Luis habÃa cambiado.
—Con permiso —dijo ella, alejándose del salón antes de que alguien pudiera detenerla.
Desde la distancia, Juan Carlos observó cómo Luis permanecÃa inmóvil, procesando la información. Uno de sus amigos se acercó y le susurró: —Eres un hombre despiadado, Juan Carlos.
—No, simplemente soy realista —respondió él con frialdad.
