La carretera
La carretera El mundo parecÃa más cruel cuando ofrecÃa esperanza, solo para arrebatársela de nuevo. Las latas encontradas y el arroyo habÃan llenado al hombre y al niño de una energÃa que casi podÃan llamar felicidad. Pero la carretera no tardó en recordarles su naturaleza despiadada.
Una mañana, mientras empujaban el carrito bajo un cielo cubierto de cenizas, el niño se detuvo de repente. —Papá... algo está allÃ.
El hombre siguió la dirección de su mirada y vio un vehÃculo destartalado a un lado de la carretera, con los cristales rotos y las puertas abiertas. Un escalofrÃo lo recorrió. No era solo el vehÃculo; a su alrededor habÃa rastros: huellas frescas en la ceniza.
—Rápido, sal de la carretera —ordenó, su voz cargada de urgencia.
Arrastraron el carrito hacia una arboleda cercana y se escondieron detrás de unos troncos caÃdos. El hombre sacó la pistola, sus dedos temblando mientras escuchaba los sonidos de pasos y murmullos. Eran varios.
Las voces se acercaron. Un grupo de hombres apareció en la carretera, armados con cuchillos y palos. Sus risas eran ásperas, sus palabras fragmentadas como si la humanidad en ellos se hubiera desmoronado junto con el mundo. Uno de ellos cargaba un saco pesado, y algo en su interior se movÃa.