La carretera
La carretera —¿Estás despierto? —preguntó el niño. —SÃ. —¿Siempre estaremos juntos? El hombre lo miró, sin saber qué decir. Finalmente, respondió con la única verdad que tenÃa. —Siempre que pueda, estaré contigo.
El niño sonrió débilmente, y por un instante, el mundo pareció menos oscuro.
El frÃo se hacÃa más intenso con cada dÃa. Las nubes de ceniza cubrÃan el cielo, robando cualquier indicio de luz. El hombre tosÃa con frecuencia ahora, cada espasmo más doloroso que el anterior. Pero avanzaban. Siempre avanzaban.
Llegaron a un lugar que el hombre no habÃa visto antes: un pequeño edificio de ladrillos cubierto de escombros, apenas visible entre los árboles muertos. HabÃa algo extraño en él, algo que lo hizo detenerse.
—¿Qué es este lugar? —preguntó el niño, apretando el carrito con ambas manos. El hombre negó con la cabeza. No sabÃa la respuesta, pero el instinto le decÃa que debÃan explorar.
Entraron con cautela, el hombre adelante con la pistola lista. El interior era oscuro, con las paredes manchadas de hollÃn y un hedor metálico en el aire. Encontraron una puerta que conducÃa a un sótano. El hombre dudó, pero finalmente la abrió.
