La roja insignia del valor
La roja insignia del valor Se imaginó a todo el regimiento diciendo: «¿Dónde está Henry Fleming? ¿Huyó, verdad? ¡Vaya!». Se acordó de varios compañeros que, seguramente, no le dejarían en paz ni un minuto. Le interrogarían burlándose y riéndose de su vacilante balbuceo. En el siguiente enfrentamiento estarían atentos para descubrir el momento en el que volvía a huir.
Cada vez que entrase en el campamento, se encontraría con miradas persistentes llenas de insolencia y crueldad. Se figuró pasando cerca de un grupo de camaradas y cómo decía uno: «¡Ahí va!».
Entonces, las cabezas, como movidas por un único músculo, se volvían para contemplarle con sonrisas abiertas y burlonas. Le parecía escuchar algún comentario humorístico dicho en voz baja, ante el que todos cacareaban y se reían socarronamente. Era el hazmerreír del campamento.