La roja insignia del valor
La roja insignia del valor El amigo del muchacho creÃa saber dónde encontrar un riachuelo y obtuvo permiso para ir a por agua. Inmediatamente le llovieron las cantimploras.
—Llena la mÃa, ¿quieres?
—Tráeme a mà también una poca.
—Y a mÃ.
Salió cargado. El muchacho fue con su amigo, con el deseo de sumergir su acalorado cuerpo en la corriente y, con el chapuzón, beber litros de agua.
Hicieron un rastreo apresurado del supuesto riachuelo, pero no lo encontraron.
—Aquà no hay agua —dijo el joven.
Dieron media vuelta sin dilación y volvieron sobre sus pasos.
Desde su posición, otra vez de cara hacia donde estaba teniendo lugar la contienda, gozaban de una perspectiva mejor de la batalla que cuando su visión estaba emborronada por el violento humo del frente. PodÃan ver zonas oscuras serpentear en el terreno y en un claro advirtieron una hilera de cañones que generaban nubes grises tras los enormes destellos naranjas de los fogonazos. Sobre el follaje divisaron el tejado de una casa. Una ventana, de un profundo rojo sangre, relucÃa entre las hojas. Del edificio surgÃa una torre de humo que se perdÃa en el cielo.