Maggie, una chica de la calle
Maggie, una chica de la calle La niña, Maggie, creció en el arroyo. Pero se convirtió en el más extraordinario y maravilloso fruto de los barrios bajos, en una hermosa muchacha.
Ni un ápice de la suciedad de Rum Alley parecÃa correr por sus venas. Los sabios del piso de arriba, del de abajo y del suyo mismo, se asombraban ante ello.
Mientras era niña y jugaba y se peleaba con los muchachos de la calle, la suciedad la enmascaraba. Revestida de mugre y harapos, pasaba desapercibida.
No obstante, llegó un momento en el que los jóvenes del vecindario se apresuraron a comentar:
—Esa niña de los Johnson está de buen ver.
Por entonces su hermano le dijo:
—Mag, déjame decirte una cosa. ¡O te vas al infierno o te vas a trabajar!
La muchacha decidió ponerse a trabajar, dada la aversión femenina por el infierno. Encontró por casualidad un puesto en un taller especializado en cuellos y puños. Le asignaron un taburete y una máquina en una habitación donde se sentaban una veintena de chicas con caras amarillentas y una expresión de disgusto. Encaramada en su taburete, Maggie se pasaba el dÃa pedaleando para confeccionar cuellos de una marca conocida por su falta de relación con todo lo que tuviera que ver con cuellos de camisa. Por la noche volvÃa a casa con su madre.
