La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes
La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes SÃ… he oÃdo la frase «¡Hombre al agua!» muchas veces desde que era niño, y en una o dos ocasiones he visto al hombre caer. Se pierden más personas de esa manera de lo que piensan los pasajeros de los trasatlánticos. Mientras contemplaba el mar asomado a borda una noche oscura, escuché unos pasos a mis espaldas y repentinamente vi algo que voló por delante de mis ojos como un enorme murciélago negro… ¡Y luego vi surgir un gran chorro de agua en la superficie del mar! Los fogoneros se suicidan asà con frecuencia. El calor los vuelve locos, se escabullen a cubierta y desaparecen en el agua antes de que nadie pueda pararlos, con frecuencia sin ser vistos ni oÃdos. De vez en cuando algún pasajero lo hace, pero suele tener lo que él considera una razón de peso. He visto a un hombre vaciar su revólver sobre una multitud de emigrantes y luego lanzarse al agua como un cohete. Por supuesto, cualquier oficial que se precie hará lo que pueda para intentar recoger al hombre, si el estado de la mar no es tan desfavorable como para poner en peligro la embarcación, pero no recuerdo haber visto que regresaran con vida después de haber saltado más que en dos o tres ocasiones en mi vida, aunque a veces recogÃamos el salvavidas o la gorra del pobre desgraciado. Fogoneros y pasajeros saltaban, pero jamás vi que ningún marino lo hiciera, ya estuviera sobrio o borracho. SÃ, se dice que ha pasado en embarcaciones con mandos duros, pero yo nunca he presenciado ningún caso. Muy de vez en cuando rescatan del agua a algún hombre cuando ya es demasiado tarde y muere en el barco salvavidas antes de poder subirlo a bordo, y —bueno, no sé si te he contado alguna vez esta historia— conocà a un tipo que cayó y regresó después de haber muerto. Yo no lo vi cuando regresó, sólo uno de nosotros era capaz de verlo, pero todos sabÃamos que estaba allÃ.