La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes
La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes No hubo respuesta en el taller y levantó el reloj e intentó adivinar la hora bajo la gris penumbra que aún no era completa oscuridad. Por lo que pudo ver, faltaban dos o tres minutos para las diez en punto. Había estado mucho tiempo solo. Estaba conmocionado y asustado por Else, perdida en Londres a una hora tan avanzada, y casi corrió al atravesar el cuarto y llegar a la puerta. Mientras forcejeaba con el pestillo, oyó claramente las leves pisadas corriendo tras él.
—¡Ratones! —exclamó con un hilo de voz, justo en el mismo instante en que lograba abrir la puerta.