La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes
La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes Leyó esto de rodillas junto al cadáver en la cripta norte, a la luz de la vela del altar, y cuando acabó de leer todo, agradeció a Dios haber descubierto el secreto a tiempo. Pero cuando se incorporó y observó el semblante muerto, éste había cambiado, y la sonrisa había desaparecido para siempre; la mandíbula había caído ligeramente, y los exhaustos labios muertos estaban relajados. Y entonces sintió un aliento tras de sí, muy cerca, no frío como el que antes había soplado la llama de la vela mientras entraba, sino un aliento cálido y humano. Se volvió rápidamente.
Y allí estaba ella, vestida totalmente de blanco y su cabello de color oro viejo… y es que la joven se había levantado de la cama y lo había seguido sin hacer ruido, y lo encontró leyendo, y ella misma leyó por encima de su hombro. Él dio un violento brinco cuando la vio, tenía los nervios a flor de piel… y luego gritó su nombre en la silenciosa morada de la muerte:
—¡Evelyn!
—¡Mi hermano! —respondió ella suave y tiernamente, extendiendo las manos para unirlas a las suyas.