El Cantico Espiritual
El Cantico Espiritual 9. Compárase el Esposo al ciervo, porque aquà por el ciervo entiende a sà mismo. Y es de saber que la propiedad del ciervo es subirse a los lugares altos y, cuando está herido, ase con gran prisa a buscar refrigerio a las aguas frÃas y, si oye quejar a la consorte y siente que está herida, luego se va con ella y la regala y acaricia. Y asà hace ahora el Esposo, porque, viendo la Esposa herida en su amor, él también al gemido de ella viene herido del amor de ella; porque en los enamorados la herida de uno es de entrambos, y un mismo sentimiento tienen los dos. Y asÃ, es como si dijera: vuélvete, Esposa mÃa, a mÃ, que si llagada vas de amor de mÃ, yo también, como el ciervo, vengo en esta tu llaga llagado a ti, que soy como el ciervo; y también, en asomar por lo alto, que por eso, dice:
Por el otero asoma,
10. esto es, por la altura de tu contemplación que tienes en ese vuelo, porque la contemplación es un puesto alto por donde Dios en esta vida se comienza a comunicar al alma y mostrársele, mas no acaba; que por eso no dice que acaba de parecer, sino que asoma; porque, por altas que sean las noticias que de Dios se le dan al alma en esta vida, todas son como unas muy desviadas asomadas.
Y sÃguese la tercera propiedad que decÃamos del ciervo, que es la que se contiene en el verso siguiente:
Al aire de tu vuelo, y fresco toma.